Metidos de lleno en el curso escolar, nos hemos visto obligados a escribir un artículo sobre el peligroso efecto de cargar mucho las mochilas en las espaldas de las personas, y especialmente durante las edades más tempranas.

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En el modelo escolar actual, adoptado por la mayoría de países del mundo, los niños habitualmente (o casi siempre) cargan con un peso considerable a su espalda: libros, cuadernos, carpetas o estuches son sólo algunos de los ítems que todo escolar lleva consigo, independientemente de su edad.

Actualmente se estima que el 50% de los niños y el 70% de las niñas de entre 12 y 15 años han padecido dolor de espalda en alguna ocasión.

No resultan extrañas esas desalentadoras cifras cuando abrimos la mochila de un escolar y vemos la cantidad de cosas que se ve obligado a llevar. Menos extrañas resultan aún, cuando nos atrevemos a pesar una de estas mochilas y observamos que, libreta, carpeta llena de hojas y apuntes, estuche, agenda, calculadora, un bocadillo y cuatro o cinco libros de estudiante pesan alrededor de siete kilogramos en total.

Debemos recordar que el consenso de los expertos en cuanto a la cifra total de peso queda claro: “No se debe cargar con más del 10% del peso corporal del niño”.

Es decir, que los siete kilos anteriores corresponderían a una persona con un peso de setenta kg. o más. El problema es que los artículos que hemos visto anteriormente los encontramos en las mochilas de cualquier estudiante de secundaria y post-obligatorio.

Y eso incluye a adolescentes de entre 11 y 18 años que en muchos de los casos no llegan a los setenta kilos, bien por su temprana edad o baja estatura, bien por cuestiones evidentes de sexo (por norma general las niñas tienen menos masa muscular y por tanto un peso más ligero en comparación con los niños).

La solución a esos problemas no suele resultar fácil, pues normalmente si se llevan tantos libros y carpetas es por necesidad, no por capricho.

En la mayoría de centros existen las taquillas personales, donde cada escolar puede guardar sus cuadernos hasta el día que los necesite, pero igualmente a la hora de realizar un examen o simplemente deberes se ven obligados a llevarse los libros a casa y volverlos a traer.

La solución definitiva, sin ninguna duda, es no incluir tantos libros en el currículo escolar, fomentando más el estudio controlado en clase por otros medios como pueden ser Internet, proyecciones o toma de apuntes.

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