La exposición puntual a altitudes mayores de 3000 metros se asocia con síntomas del llamado mal de altura (cefales, anorexia, náuseas, vómitos y malestar general). La aclimatación gradual y progresiva a estas altitudes es la mejor prevención.

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La hipoxia es un estado de deficiencia de oxígeno en la sangre, células y tejidos del organismo, con compromiso de la función de éstos. A grandes altitudes esta deficiencia se debe a la reducción de la presión parcial de oxígeno como consecuencia de la reducción de la presión atmosférica con la altitud. Se produce una alteración de las fases de ventilación alveolar y/o disminución alveolo-capilar de la respiración, que produce una deficiente entrega de oxígeno atmosférico a la sangre en los capilares pulmonares. Las altitudes elevadas van acompañadas de temperaturas frías. Las respuestas corporales al frío y a la hipoxia pueden verse agravadas también por una nutrición inadecuada.

Estudios de los efectos del frío, el gasto energético, la exposición a la luz ultravioleta y a atmós-feras con poco 02, indican que la suplementación de vitaminas que poseen funciones antioxidantes puede ser apropiada cuando la altitud es elevada. Los suplementos de vitamina E durante una exposición prolongada a grandes alturas, previnieron un ?deterioro? del riego sanguíneo y una disminución del rendimiento físico asociado con el daño ocasionado por los radicales libres a los sistemas antioxidantes de las células. Simon Schnaas teorizó que el estrés oxidativo durante la hipoxia es una consecuencia de alteraciones en el potencial de oxidación-reducción, lo cual conduce a una perioxidación de los lípidos de radicales libres y el subsiguiente daño oxidativa a los tejidos y a la sangre.

También existe la opinión de que el hierro como suplemento puede ser beneficioso a mayores altitudes. Esta opinión proviene de la observación según la cual hay un aumento en la respuesta eritropoyética a la exposición a altura: el cuerpo combate la demanda de oxígeno (menos disponible a medida que aumenta la altitud) mediante un aumento de síntesis de hemoglobina.

Otra de las consecuencias inevitables del trabajo a elevadas altitudes es la pérdida de peso corporal neto. Se ha constatado la pérdida de masa muscular en muchas expediciones, la cual era atribuida a una ingesta inadecuada de energía (particularmente hidratos de carbono y proteína) como apoyo a un mayor gasto energético. Una deficiencia crónica de energía lleva al cuerpo a la movilización y a la oxidación de grasa corporal, lo cual a su vez lleva a un aumento en la producción de cetona. Si su producción excede la capacidad de los riñones para producir bicarbonato para neutralizar los cetoácidos, se puede desarrollar cetoacidosis, lo que puede influir en el metabolismo de forma negativa: a medida que el pH sanguíneo cae, se reduce la eficiencia de los procesos metabólicos, esto a su vez puede dar lugar a detener parcialmente la termorregulación, la fuerza muscular, la coordinación y la resistencia.

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