Los estudios que muestran la relación entre los Omega-3 y la depresión son relativamente recientes. Se ha constatado que las personas que más consumen Omega-3 (por la ingesta de pescados grasos) o que tienen una mayor tasa de Omega-3 (más Omega-3 en la sangre), están menos expuestas a la depresión.

omega-3

En cuanto a las personas deprimidas, presentan frecuentemente un déficit en Omega-3. Algunos ensayos clínicos han mostrado una real incidencia de los Omega-3 en el tratamiento de la depresión.

La deficiencia en Omega-3 ¿favorece la depresión o al contrario la depresión induce a una disminución de los Omega-3? Sabemos que la depresión se acompaña de una fuerte inflamación, relacionada con el estrés oxidativo.

En los experimentos con ratones se ha podido inducir un estado de ansiedad inyectándoles un compuesto proinflamatorio, y al contrario se ha podido calmar su ansiedad gracias a un aporte de EPA-3. En los humanos deprimidos, el modo de acción de los Omega-3 no está todavía claro, pero el efecto antiinflamatorio es una buena pista para seguir investigando.

Si nos referimos a los ensayos clínicos, la dosis eficaz preventiva o curativa sería del orden de 1 g de EPA por día (el DHA sería menos eficaz).

Otro de los beneficios de los Omega-3 es la prevención del envejecimiento cerebral, de los desarreglos cognitivos (dificultades de memorización, concentración…) y de la enfermedad de Alzheimer. Tres estudios epidemiológicos han demostrado un riesgo menor en el declive cognitivo en personas que eran grandes consumidoras de pescado o de EPA y DHA.

Los Omega-3 podrían limitar la inflamación silenciosa cerebral, relacionada con el envejecimiento. En el estado actual de los conocimientos, parece ser que un aporte correcto de Omega-3, unido a bastantes antioxidantes (frutas y verduras), podría ralentizar, al menos las formas menos intensas, del Alzheimer.

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