Cuando el corazón late, bombea la sangre hacia las arterias ejerciendo cierta presión en ellas, la cual se encarga de que dicho fluido circule por todo el organismo, suministrándole oxígeno y nutrientes. En este acto se distingue tensión arterial mayor o sistólica (indica que la fuerza con la que pasa la sangre por las arterias mediante las contracciones del órgano) y menor o diastólica (fase de reposo entre cada latido).

tensiometro

Ambos tipos de presión e miden en milímetros de mercurio (Mg.), considerándose normales los valores situados entre 105 a 130 para la máxima y de 60 a 80 para la mínima.

Cuando disminuye de manera importante se presenta la sensación de vértigo y desvanecimiento, ya que no es posible alimentar a las células ni extraerles su material de desecho.

Es importante saber que el organismo está dotado de una especie de sensores ubicados en el cuello y el tórax, los que cumplen con la función de controlar constantemente la presión arterial. Si estos sensores detectan que el bombeo es lento, la cantidad de sangre disminuye o la capacidad de las arterias es baja, realizan las modificaciones necesarias para mantener la presión estable.

Asimismo, los nervios conducen señales desde dichos mecanismos, así como del cerebro hacia los siguientes órganos:

Corazón: le indican que debe regular la frecuencia y fuerza de los latidos para modificar el volumen de sangre bombeada.

Riñones: tienen que nivelar la excreción de agua con el fin de incrementar ka cantidad de fluido sanguíneo en la circulación, pues hay que recordar que la deficiencia del líquido vital disminuye la cantidad de sangre.

Vasos sanguíneos: deben estabilizarse para que se incremente ka frecuencia de las pulsaciones, lo cual permitirá que aumente la impulsión de sangre. De esta manera la presión arterial sufrirá pocos cambios o ninguno, sin embargo, estos elementos de compensación tienen limitaciones, por ejemplo, cuando se presentan hemorragias, deshidratación, ayuno prolongado, o bien, si existe algún trastorno que impida conducir las señales de alerta (mareo, vértigo o desmayo, por ejemplo).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *