La lavanda es un arbusto cuyas hojas con perennes y tiene una fragancia muy característica que nos hace recordar los campos del sur de Europa. La gran parte de los cultivos de lavanda son empleados para uso comerciales. Los mayores países consumidores de lavanda son Francia, España, Bulgaria y la Unión Soviética.

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Algunas variedades de lavanda, como la Lavandula augustifolialofficinalis puede llegar a alcanzar alturas más que importantes. Otras no superan los 50 centímetro de altura. Sus hojas son de un suave color grisáceo. Las flores son de color azul grisáceo, nacen desde tallos delgados y largos. Esta planta cuenta con glándulas sebáceas en las flores tallos y hojas. Cuando uno las toca suavemente están recubiertas de pelitos suaves. Al frotar una flor o las hojas se desprenderá una pequeña cantidad de aceite

Esta planta es utilizada desde tiempos remotos por su delicado aroma, además de por sus propiedades medicinales. Los aceites de lavanda ya eran mencionados en la antigüedad por Dioscórides, Galeno y Plinio.

Los romanos la empleaban para el agua de su baño. Durante el siglo XII fue nombrada en diferentes tratados de medicina. Además era cultivada en los diferentes jardines de los monasterios durante los siglos XIII y XIV, en estos lugares eran usados con fines terapéuticos.

A partir del siglo XVIII se la incorporó en la perfumería, usándola en jabones y perfumes a base de lavanda.

En la actualidad existen famosos campos de esta planta. Entre ellos se encuentra el de la Provenza, Francia.

La lavanda es considerada un importante estimulante, tónico estomacal y carminativo. Durante el siglo XVI las flores eran empleadas para curar la epilepsia y diferentes enfermedades mentales. Por su parte, los franceses realizaban una infusión que acompañaban con canela e hinojo para sanar la ictericia, así como un importante tónico cardiaco.

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