La legionella es una bacteria que vive y prolifera en aguas dulces y calientes, entre 20 y 48º. Se encuentra en medios acuáticos naturales o artificiales, como las instalaciones sanitarias (duchas, grifos…), las instalaciones de climatización, o los sistemas de enfriamiento (torres refrigerantes, circuitos de enfriamiento industrial…).

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Por esta razón, todos estamos expuestos a este tipo de contagio. Con el fin de protegernos, es necesario mantener, al menos una vez al año, todos los circuitos e instalaciones de agua y de climatización, para eliminar los gérmenes.

Ciertos factores favorecen el contagio: las personas con edad avanzada, las personas debilitadas, los inmunodeprimidos, el sexo (más frecuente en varones), el tabaquismo, el alcoholismo, la diabetes, las afecciones respiratorias crónicas…

La legionella provoca una infección respiratoria. El nombre de la enfermedad procede de las circunstancias en las que fue descubierta. En efecto, en 1976, una epidemia mató a cuarenta personas en Estados Unidos, durante un congreso de antiguos combatientes, de ahí el nombre inicial “enfermedad de los legionarios”.

Desde entonces, la legionelosis se conoce mejor. Existen dos formas: una es benigna, análoga a un síndrome gripal, y que se cura espontáneamente entre dos y cinco días. La otra es más grave, y puede degenerar en una neumonía mortal. Por suerte, un tratamiento a base de antibióticos permite hoy en día que se cure en no más de tres semanas, a condición de cogerla a tiempo.

Los síntomas

Los síntomas son clásicos, de ahí la dificultad para realizar el diagnóstico: infección respiratoria clásica, con tos y fiebre. Sin embargo, los afectados por la legionella tienen otro tipo de síntomas más específicos como diarrea, desorientación, sentimiento de confusión.

El diagnóstico se realiza a través de un análisis de orina, donde se detecta la bacteria, y por un cultivo broncopulmonar para identificar la cepa.

El contagio

El contagio se realiza por inhalación de gotas que contengan la bacteria. Por ejemplo, debajo de la ducha, respirando el vapor provocado por el agua caliente contaminada o por las torres de refrigeración.

Si el vapor de agua que estas máquinas expulsan al exterior contiene legionella, las personas que vivan cerca pueden inhalarla.

En todo caso es bueno saber que la legionelosis no es contagiosa y no se puede transmitir de persona a persona, por una tos o un estornudo. Tampoco se contagia bebiendo agua contaminada.

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