La anemia perniciosa es una enfermedad que se produce por la falta de glóbulos rojos en nuestro organismo causada por una deficiencia de vitamina B12. Es raro que se de en niños y afecta principalmente a adultos mayores de 50 años. En muchos casos se da porque el organismo no tiene factor intrínseco, una sustancia que segrega la mucosa del estómago y que facilita la absorción de esta vitamina.

Los síntomas de la anemia perniciosa son muy amplios y pueden llegar a perjudicar la vida diaria de quienes la sufren: debilidad, náuseas, pérdida de apetito, entumecimiento de manos y piernas, problemas de equilibrio, respiración dificultosa, confusión, demencia, pérdidas de memoria… y otros problemas como encías sangrantes, ojos y piel amarillentos y palidez en labios, lengua y encías.

Las causas de la anemia perniciosa son varias. Van desde la predisposición genética a la bulimia y la anorexia nerviosa, pasando por una operación previa de estómago, cáncer, afecciones de tiroides o una dieta inadecuada. Por ejemplo, los vegetarianos estrictos deben tomar suplementos de vitamina B12 para evitar este problema. También tienen que inyectarse esta vitamina quienes han sido operados de estómago o sufren de gastritis.

El diagnóstico de la anemia perniciosa se lleva a cabo mediante un análisis de sangre y estudios específicos, como la determinación de la concentración de Vitamina B12 en la sangre o la Prueba de Schilling con vitamina B-12 radioactiva. Una vez confirmada la enfermedad su médico le recetará inyecciones de vitamina B-12, primero diariamente, después semanalmente y finalmente cada mes durante toda su vida. Alguna vez será también necesario tomar suplementos de hierro. De esta manera, aunque la anemia perniciosa es incurable, sus síntomas se podrán controlar para que el paciente lleve una vida perfectamente normal.

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