Gracias a diferentes recomendaciones otorgadas por la Organización Mundial De La Salud (OMS), un viajero puede llegar a evitar contagiarse de la tan temible fiebre amarilla, misma que generalmente puede llegar a infectarse en América Central, América del Sur y en algunas regiones de África.

La Fiebre Amarilla también conocida como fiebre de Barbados o el mal de Siam, es provocada por la picadura de algunos mosquitos en las regiones antes mencionadas. Es muy importante tomar en cuenta todas las afecciones contra la salud que pueden llegar a provocar esta fiebre amarilla, ya que una oportuna identificación de la misma puede ser la salvación de quien se haya contagiado.

Sintomatología de un sujeto infectado con fiebre amarilla

En realidad, esta sintomatología es fácil de ser identificada debido a la forma de presentarse en la persona que se ha infectado por la picadura de estos mosquitos; de manera general podríamos mencionar a los siguientes efectos que provoca la fiebre amarilla:

  • Albuminuria.
  • Fiebre.
  • Hemorragia.
  • Ictericia.

Entre los seis primeros días de contagio, el virus permanece prácticamente inactivo; de todas maneras, a partir del cuarto día podrían llegar a presentarse unos cuantos síntomas más notorios, siendo éstos:

  • Vómitos.
  • Náuseas.
  • Pérdida del apetito.
  • Escalofríos.
  • Dolores musculares.
  • Fiebre.
  • El signo de Faget.

Este último se presenta con una fiebre elevada, todo ello a pesar de que el individuo infectado puede tener una frecuencia cardiaca considerada como normal. En muchas ocasiones, luego de pasar este periodo el paciente suele mejorar con la desaparición de los síntomas antes descritos.

Lastimosamente, un 15% de las personas que hayan padecido inicialmente de esta fiebre amarilla pueden llegar a reactivar el virus con la conocida Fase Tóxica, la cual es considerada como de mayor gravedad ya que muchos de los órganos llegan a fallar. La misma cantidad de síntomas antes mencionados vuelven a aparecer en esta nueva fase de la enfermedad, complicándose muchas veces con la albuminuria, la que es una acumulación de albúmina en la sangre y que viene a ser un reflejo del fallo de los riñones, lo cual provoca una complicación renal que impide la emisión de la orina, situación conocida como anuria. La mitad de los pacientes pueden llegar a morir por esta situación entre los 10 a los 14 días, aunque la otra mitad podría llegar a recuperarse sin dejar secuelas de la fiebre amarilla.

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