Si por la razón que sea estás obligado a restringir el consumo de la típica sal común, estate atento porque hoy vamos a enseñarte los riesgos de este compuesto tomado en exceso, así como nuevas formas para que tus platos favoritos no pierdan ni un ápice de su sabor sin presencia de la sal.

salero

El gran problema principal que nos vamos a encontrar es que muchos de los alimentos procesados industrialmente ya vienen con altas cantidades de sal añadida. Aproximadamente un 70% del total de sal no proviene del salero, sino de la comida que incluimos en nuestra cesta de la compra. Sólo por dar unos ejemplos, alimentos que ya vienen salados son: conservas, sopas de sobre, paté, frutos secos, conservas, pre-cocinados, etc.

Por tanto, lo primero que debemos aprender es a fijarnos en las etiquetas de cualquier producto que ha pasado por fábrica, buscando palabras clave como “Sin sal añadida”, “Muy bajo contenido en sodio” o “Sin sodio”. Prestaremos especial cuidado a la lista de ingredientes, pues aunque el término sal no aparezca directamente, lo puede hacer en forma de componentes terminados en “sódico”, como por ejemplo “nitrito sódico”.

Los datos no dan lugar a posibles dudas: la mayoría de la población en el mundo civilizado consume bastante más cantidad de la aconsejable. En el caso de España, se consume prácticamente el doble de sal del recomendado por las autoridades sanitarias.

¿Qué beneficios vamos a obtener disminuyendo la ingesta de sal?

Pues bien, si así lo conseguimos, principalmente vamos a reducir nuestros niveles de presión arterial, bajando drásticamente el riesgo de padecer enfermedades del corazón y accidentes cerebro-vasculares. Aún así, el consumo de sal de forma muy moderada sí que resulta ventajoso para el cuerpo humano, en este caso nos limitaremos a 5 g. por día, es decir una cucharada normal (excepto que algún especialista nos haya aconsejado dosis inferiores).

En la próxima parte veremos diferentes soluciones y recetas para realzar el sabor de nuestros platos sin recurrir a la sal.

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