Todas las personas sienten, en mayor o en menor medida, una especie de tristeza al llegar el invierno y tener que soportar días cuyas horas parecen más cortas debido a que el horario del anochecer se acorta y, además, los fuertes fríos que generan una tendencia a quedarse en el hogar y salir lo mínimo indispensable.

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Esto lleva a que varias personas sufran el denominada “trastorno afectivo estacional”, que es una especie de depresión que genera una gran tristeza en la persona que lo sufre.

En países como Estados Unidos se estima que el 20% de las personas lo padece.

Para entender y adentrarse en el tema, he aquí algunos de los síntomas que suelen afectar a quienes sufren de este trastorno:

 

Tristeza: debido a que este trastorno es una especie de depresión, tiene síntomas comunes con ella. Dos de los más frecuentes y habituales son la sensación de tristeza y desesperanza, además de restarle interés a la realización de otras actividades sociales que suelen dispersar y brindar un entretenimiento placentero.

Lo que caracteriza al trastorno afectivo estacional es que durante el otoño e invierno, estos síntomas no suelen presentarse en otras épocas del año.

Somnolencia y fatiga: el hecho de estar en estado depresivo hace que se sienta el deseo de dormir durante más horas, o de recostarse a mirar televisión.

El dormir durante una mayor cantidad de horas no hace que se sienta más descansado. Por el contrario, muchas personas con este trastorno también han padecido de insomnio y trastornos de sueño.
Irritabilidad: es común que quienes padecen de este trastorno estacional se encuentren en un estado de irritabilidad mayor que el de otras personas. La ira y la irritabilidad son dos signos característicos del trastorno afectivo estacional, ya que hace a las personas más propensas a la ira y la depresión.

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