El ser humano, a veces, permanece anclado en los límites del egoísmo. Es decir, siente un apego especial por sí mismo, y por el yo. Sin embargo, cualquier persona se siente mejor cuando está en contacto con los demás, cuando puede compartir su mundo emocional y crecer a nivel vital. La sorpresa es una emoción muy agradable que produce una alegría infinita. Existen muchos tipos de sorpresas pero está claro que para sorprender a otra persona es necesario reforzar la creatividad y tener capacidad de imaginación.

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Las mejores sorpresas son aquellas que se realizan de forma totalmente inesperada. Además, también se valora especialmente que alguien pueda sorprender a otro sin necesidad de gastar dinero, es decir, de forma totalmente gratuita. Por ejemplo, en el seno de la pareja, es posible sorprender al otro mediante una nota romántica en la que puedes expresar un mensaje de amor íntimo para conservar en el tiempo.

Por otra parte, una forma de sorprender al otro es realizar una visita sorpresa. El reencuentro entre dos personas que tienen un vínculo especial es mágico. De hecho, la Navidad es un tiempo ideal para los reencuentros y para las sorpresas. Un tiempo mágico con sabor a familia. El valor de la familia es fundamental para afrontar la vida con una perspectiva positiva y bonita.

Además, sorprender a otro es una ilusión para uno mismo puesto que en la medida en que una persona planifica algo agradable para otra también siente la magia que brota de su corazón. Un corazón generoso que se da cuenta de la importancia de dar para poder recibir, pero sobre todo, de la necesidad de dar para poder compartir verdad y esperanza.

Además, debemos aprender a sorprender a los demás no sólo en fechas y en momentos clave de la vida sino también, en momentos concretos en los que una persona está triste y necesita de un refuerzo emocional para seguir adelante.

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