Al parecer empezar una familia no lleva a los adultos jóvenes a comer más sano con el fin de dar un buen ejemplo para sus hijos, según un nuevo estudio.
Los investigadores analizaron las dietas de más de 2.500 participantes inscritos en un estudio sobre el desarrollo de factores de riesgo de enfermedad de la arteria coronaria en adultos jóvenes. Ninguno de los participantes tenía niños al inicio del estudio, que recoge datos desde 1985 hasta 1993.

Durante ese tiempo, el consumo de grasa saturada disminuyó en un 2,1 por ciento entre los no-padres y un 1,6 por ciento entre los padres. Ninguno de los grupos mostró cambios estadísticamente significativos en la ingesta de calorías, frutas y verduras, bebidas azucaradas o comida rápida.

Los investigadores han encontrado que la paternidad no tiene efectos desfavorables en las dietas de los padres, pero tampoco da lugar a mejoras significativas en comparación con los no-padres, como lo esperan los profesionales de la salud.
De hecho, los padres quedan tras sus homólogos sin hijos en la reducción del consumo de grasas saturadas, y su dieta en general sigue siendo pobre.

Hay muchos factores que pueden explicar por qué los padres tienen una menor disminución en el consumo de grasas saturadas que los no padres.
Encontrar alimentos que les guste a los niños ha sido descrito por los padres como uno de los principales factores que influyen en las decisiones de compra. Teniendo en cuenta que las estrategias de marketing para los niños de Estados Unidos se centran en comidas altas en grasa y en azúcar, estas peticiones son a menudo los alimentos menos saludables.

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