El cartílago es una forma especializada de tejido conectivo, compuesto por células y componentes extracelulares. Las células, los condrocitos, están aislados en pequeños espacios de la abundante matriz extracelular, compuesta por fibras incluidas en una sustancia fundamental.

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En el ser humano adulto hay relativamente poco cartílago, aparece sólo en la forma de cartílagos articulares y costales, si bien forma un armazón rígido para las vías aéreas y el pabellón auricular. De todos modos, si el cartílago se deteriora, el defecto se repara mediante la formación de tejido conectivo que se produce por crecimiento desde el pericondrio.

Los trasplantes de cartílago tienen un elevado índice de resultados exitosos. En condiciones normales un trasplante de otro individuo de la misma especie, genéticamente diferente (alotrasplante) es rechazado por la incompatibilidad inmunológica con el receptor, mientras que un injerto del mismo individuo (autotrasplante), por lo general no genera rechazo, siempre que se restablezca la necesaria irrigación sanguínea. La menor tendencia al rechazo del cartílago, tanto en el alotrasplante como en el autotrasplante, se debe en parte a que los condrocitos poseen muy bajo metabolismo. A esto se agrega el escaso poder antigénico del cartílago, posiblemente porque los antígenos de las células cartilaginosas difunden muy poco a través de la matriz, para llegar hasta el receptor, lo cual inhibe la generación de una respuesta inmunológica.

Además, es muy difícil que los anticuerpos y los linfocitos citotóxicos atraviesen la matriz. En consecuencia, es posible aplicar aloinjertos en las cirugías plásticas reconstructivas posteriores a lesiones del esqueleto, por ejemplo.


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