El temor al agua puede provocar un miedo incapacitante para disfrutar de un chapuzón o para defenderse de alguna situación vital. En realidad se deriva de un miedo a lo desconocido. A veces, el movimiento de las olas causa desasosiego sobre todo por aquello que las profundidades puedan esconder, ya sean monstruos, o cualquier tipo de seres vivos que entrañen peligro.

agua

 

Principales causas del miedo al agua

  • Impacto educativo. Producido por la proyección del propio miedo del adulto en el niño, mediante el cual el niño desarrolla un miedo irracional sin conocer el medio.
  • Experiencia traumática. De un suceso de inicio de ahogamiento u otra vivencia que se recuerda con ansiedad y estrés provocando el entorpecimiento de la recuperación del equilibrio interno.

 

La primera regla a tener en cuenta para ayudar al niño, es no forzarle nunca a afrontar el problema de forma directa. Es muy importante transmitirle en todo momento la sensación de que se encuentra seguro y acompañado, que vamos a estar en todo momento junto a él.

 

Cuando la fobia es severa conviene solicitar la ayuda profesional, en cuyo caso el tratamiento consistirá en una serie de pautas terapéuticas, entre las que pueden aplicarse:

  • Exposición gradual y progresiva al medio acuático. Procurando que el agua cubra al niño hasta alturas que le resulten casi intolerables para irlas superando poco a poco bajo supervisión. En este aspecto irá generando confianza.
  • Desensibilización sistemática. Es una terapia similar a la anterior, pero sin entrar en contacto con el medio, se practica de forma imaginaria.
  • Terapia cognitiva. El niño aprende a identificar sus pensamientos negativos y los sustituye por otros más positivos desterrando los miedos irracionales mediante la colaboración del terapeuta.
  • Práctica de métodos de respiración diafragmática y aplicación de recursos de relajación muscular progresiva.

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