A pesar de más de 25 años de investigación sobre medicamentos contra la obesidad, pocos medicamentos han demostrado éxito a largo plazo. Ahora, los investigadores afirman que focalizar la investigación en los sensores de sabor en el intestino puede ser una estrategia prometedora.

El intestino “saborea” lo que comemos -amargo, dulce, graso, sabroso- casi de la misma manera que la lengua y mediante el uso de mecanismos similares de señalización. El resultado es la liberación de hormonas que controlan la saciedad y los niveles de azúcar en la sangre cuando la comida llega al intestino.

Los sensores, o receptores, en el estómago responden a la ingesta de alimentos en exceso, y su mal funcionamiento puede jugar un papel en el desarrollo de la obesidad, la diabetes y condiciones relacionadas con el metabolismo.

Los doctores Sara Janssen y Depoortere Inge, del Centro de Investigación Traslacional de Trastornos gastrointestinales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, examinaron esta posibilidad, ofreciendo un vistazo sobre las últimas investigaciones sobre el tema.

Según afirman, la evidencia creciente sugiere que la obesidad y condiciones relacionadas podrían ser prevenidas o tratadas mediante los receptores del gusto en las células en el intestino para liberar hormonas que señalen una sensación de plenitud, imitando así los efectos fisiológicos de una comida y engañando al cuerpo, pensando que se ha comido.
Orientar los tratamientos hacia los receptores del gusto extraorales que afectan a la liberación de hormonas que controlan la ingesta de alimentos puede ofrecer un nuevo camino para imitar los efectos de un bypass gástrico de manera no quirúrgica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *