Árbol majestuoso donde los haya, el abeto es un coloso que puede llegar a los 80m. de altura y del que nos podemos beneficiar en un sinfín de ocasiones. Sus virtudes terapéuticas se han conocido desde siempre, por lo que si aún dispones de un rinconcito en tu botiquín habitual ya sabes con qué llenarlo.

Del abeto se usan las hojas y las yemas principalmente, y en menor medida también la corteza y la resina del árbol. Pero, ¿cómo me beneficio de sus propiedades?

Ahora que viene el frío intenso, se acumulan los resfriados y es normal ver familias enteras constipadas. Si así se da el caso, una sencilla mezcla de brotes de abeto (una cucharadita) por taza de agua, para conseguir una infusión expectorante que beberemos 2 o 3 veces al día y siempre bien caliente.

Siguiendo el procedimiento anterior el abeto también nos viene de perlas para los casos de bronquitis. En este caso podemos endulzar el preparado con una cucharada de miel, potenciando así sus propiedades curativas.

El abeto también mejora las enfermedades reumáticas y la artritis. Para ello prepararemos una infusión depurativa mezclando 40 gr. de yemas y otros 30 gr. de bayas de enebro. De esta combinación extraeremos una cucharada que herviremos en un tazón de agua, colando el contenido antes de ingerir la solución resultante.

Otro uso interesante de esta hierba lo encontramos en sus características diuréticas, y es que tomando la infusión que hemos mencionado en primer lugar conseguiremos un mayor flujo de orina y mejorar el funcionamiento de nuestros riñones. Esta propiedad nos permite plantarle cara a enfermedades como la cistitis o la inflamación de la vejiga.

A modo de curiosidad, comentaremos que en ocasiones se ha llegado a afirmar que un simple paseo por un abetal podría resultar una de las mejores soluciones para las personas asmáticas.

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